martes, 18 de agosto de 2015

San Vito Dei Normanni y la parentella italiana

Era parte del escaso plan de viaje visitar ambos pueblos de donde mis abuelos son originarios. Recorriendo Italia llegó el turno de San Vito Dei Normanni, donde Giovanni Bernardino Fina nació y vivió hasta los 27 años. El 25 de julio de 1925 junto con su amigo Francesco Elefante emigraron al continente americano a bordo del transatlántico "Princepessa Mafalda", que un 18 de agosto desembarcó en el puerto de Buenos Aires, la nueva tierra generosa y próspera que daría cobijo a ambos.

En 1961, luego de 36 años de aquel desembarco, ya habiendo sentado raíces y formado una familia en Buenos Aires, "Dino" (como así le decían al abuelo) regresa a Italia para reencontrarse con su tierra y sus parientes. Tenía 63 años.
Sus padres eran Vicenzo Fina y Vita Mingolla, desconozco si aún vivían para el tiempo de su retorno. Desconozco también cuántos hermanos tenía y sus nombres, aunque presumiendo que sí los tenía, vamos en busca de otros Finas.


Luego de Maratea viajo a Brindisi, la ciudad más grande cercana a San Vito Dei Normanni, una ciudad portuaria de donde salen barcos hacia Grecia. Establezco mi base en una habitación para turistas cercana al centro. Riccio y Gabriela, los dueños, son muy macanudos y de entrada me reciben muy bien. Riccio vivió en Buenos Aires en la década de los 80's, así que su español es bueno y no hay que esforzarse de sobremanera para entablar una comunicación con mis escasos conocimientos de italiano.

Muy amablemente me pasa a buscar donde me dejó el bus. En el auto le cuento la historia: el porqué de mi visita a Brindisi, que mi abuelo nació en San Vito Dei Normanni. Riccio se sorprende y se empieza a cebar con la historia. Es un tipo muy curioso, muy atento y alegre. Me cuenta que el nombre del pueblo viene de la gran cantidad de población normanda que lo fundó.
—¿Tu papá es rubio de ojos claros? —Me pregunta. —Porque en ese pueblo había mucha gente así, muy diferentes al resto de los italianos. Me suena lógico que tu ascendencia venga de ahí. —Afirma.
Llegamos y me acomodo en mi habitación. Riccio viene al rato y me dice que mañana tendrá que ir por trabajo a San Vito, que un amigo suyo conoce alguien allí que conoce mucha gente, que posiblemente conozca algún Fina. ¡Genial! Empieza la búsqueda.

A la mañana siguiente desayuno en el café de la esquina. Al rato caen Riccio y Paolo (su amigo que conoce otro amigo) y partimos en auto para San Vito Dei Normanni, que está a 20 Km de Brindisi. La zona es bastante seca, y se plantan Olivares principalmente, aunque también algún que otro frutal como pera, ciruelo, higo y un cactus que se come, pero no recuerdo como se llama.

Llegamos a la estación de servicio de la entrada del pueblo, y ahí nos encontramos con Pino, quién sería mi guía en San Vito, el famoso tipo que conocía a todo el mundo allí. Pino afirma conocer al Dr. Bernardino Fina. ¡Increíble empezar así! Empieza a emocionarme aún más la aventura. ¿Será que éste doctor es hijo de un tío de mi papá? Riccio se ceba también, aunque debe ir a atender asuntos de trabajo con Paolo, por lo que me deja en manos de Pino. De aquí en más dejo de tener un intérprete italiano-español a mi lado hasta muy entrada la tarde. Son las 12:30 del mediodía aproximadamente.

Me subo a la camioneta de una especie de empleado de Pino (de quién no recuerdo el nombre), junto con Pino también. Llegamos a la quinta de Bernardino Fina, una manzana bastante grande en las afueras del pueblo, llena de olivares grandes y tierra roja arada, lista para ser sembrada. Autos costosos, la casa al fondo de una larga entrada de lajas de piedra y un portón de hierro todo fileteado que nos impide entrar. Pino toca timbre, alguien atiende.
—Soy Pino, amigo del Doctor, abrime! —Dice Pino, en italiano-entendible. El portón automático se abre. Lo que es conocer gente...
Pasamos y el doctor vestido de entrecasa, de bermudas y remera, sale a nuestro encuentro, con dos chicos que serían sus hijos o nietos.
Pino habla con el, pero hablan tan rápido que sólo rescato palabras aisladas y no logro reconstruir nada. El Doctor está serio, no le hace mucha gracia que venga un extrangero a reclamar parentesco. Detecto que el Doctor niega todo, pero no entiendo bien porque.
—Andiamo. —Dice Pino. Todo ésto sucede sin que yo entienda un catso. Saludamos (basta una estrechada de manos y un "piacere") y nos vamos. Ni bien nos alejamos le pido que me explique.
En resúmen, el padre del Doctor era Giovanni Fina (casualidad), mas nunca emigró a América, tampoco había un parecido físico por lo que no insistí mucho. Sin embargo nos abre otra puerta. Como buen Doctor, conoce mucha gente, y entre ellos, otros Finas. Nos envía a verlos, y allá vamos.
Para mi sorpresa, Pino me devuelve a la estación de servicio donde nos encontramos:
—Esperame aquí que tengo que ir a atender unos asuntos de trabajo y vuelvo. Vos esperame aquí, yo en media hora vuelvo. —Me dice como sacándome de encima. Algo me decía que cuando Riccio se vaya Pino me iba a dejar por ahí. No me quedó otra que esperarlo un buen rato en el café de la estación de servicio, escribiendo, hasta que lo cerraron y me tuve que ir. En San Vito hay horario de pueblo como en el interior de nuestro país, a la una muere todo.
Sin asiento y habiendo pasado la media de espera hora empecé a caminar y me entretuve sacando unas fotos. Cuando mi paciencia se había agotado y me disponía a irme y caminar por ahí, frena Pino con otra camioneta y me dice que me suba.

Arrancamos, vuelta en U, avanzar hasta la esquina y estacionar nuevamente. Bajamos y Pino toca el timbre en la puerta de un pequeño edificio. Un muchacho petiso y morrudo nos abre. Pino que parla italiano, el chico nos hace pasar y subimos las escaleras. En el primer descando nos encontramos con dos viejitos, aparentemente de apellido Fina. Pino les explica que ha venido un Argentino cuyo abuelo nació en el pueblo, mientras me señala. Los viejitos se sorprenden y nos invitan a subir a la casa. Entramos al hallcito, creo que tenemos algo. Pino repite la historia y el viejito luego habla, pero es imposible entenderle una palabra. Lo único que logro entenderle es cuando señala una foto muy antigua que hay en la pared, haciendo referencia a sus padres. Ninguno era parecido al abuelo.
Pino dice "vamos", y cuando dice vamos es que tiene la información para dar el próximo paso. Aparentemente hay otras personas relacionadas que debemos ir a ver.

Subimos al auto y nos adentramos en el centro de San Vito Dei Normanni. Calles estrechas de una sola mano, tráfico de mediodía, balcones antiguos y otros no tanto. Sol y calor, aunque un poco nublado por momentos. Estacionamos, el pueblo es chico. Bajamos y Pino pregunta algo a un carnicero que se asomaba por casualidad mientras cerraba su local. Señala una casa en esa cuadra, un poco más adelante. Allá vamos, Pino toca timbre. Una señora de unos 70 años se asoma por la azotea, desconfiada. Pino le pide que baje, y que le abra, y trata de resumirle la historia, contándole del abuelo y de mi, pero insiste que es mejor que baje para poder explicarle mejor. La señora desconfía y desaparece. No creo que tengamos suerte ésta vez. Lo miro a Pino, y me hace un gesto con la mano, como diciéndome "esperá, a Pino siempre le abren". Espero entonces.

Al rato nos abren y pasamos al hall, sorteando una esterilla de tablitas de madera que todas las casas de San Vito usan para cubrir su entrada. Adentro estaba la señora que se asomó por la azotea, y otros dos viejos de mayor edad, totalmente exaltados. Me saludaron extasiados y afirmaban que eran ellos, que sí, que sí, y me agarraban el brazo mirándome con ojos húmedos y sonrisas de sorpresa. Ellos no son Fina, son dos hermanos, Armidia y Vito Leozappa. Yo no entendía el parentesco. Armidia me hablaba pero no le entendía mucho.
—Parla piano per favore, si parla piano io capito. —Le digo en mi italiano turístico, aún sin entender su excitación. Pino habla unas palabras con los viejos y luego me dice:
—Ellos no son Fina. Son los nietos del hermano de Vita Mingolla, la abuela de tu papá. Ahí si entendí. Estaba buscando parientes por la rama de mi abuelo, pero encontré sin imaginármelo unos que vinieron de la rama de mi bisabuela. Que loco, no pensaba tener éxito en ésta búsqueda. Pino habla con ellos nuevamente, quedan de acuerdo en que yo me quede a comer con ellos, que justo acababan de almorzar. Llega otra persona al baile, una chica de mi edad aproximadamente, quién no entiende mucho que pasa en su hall, aunque Armidia la pone al tanto enseguida. Vito, en cambio, me contemplaba sorprendido y en silencio, emocionado. Pino habiendo arreglado todo, me dejó su telefono, se despidió y se fue.

La parentella me hizo pasar, me sentaron en la mesa del comedor y se presentaron, y yo me presenté. Armidia y Vito, los primos segundos de mi papá, Filomena, la chica que llegó del trabajo en medio de la recepción en el hall es hija de Vito, y María, quien nos había recibido desde la azotea, su mujer.
Vito desapareció un momento y volvió con dos fotos de él y mi abuelo, de cuando retornó en 1961. Mi abuelo, vestido de traje, era el italo-americano que emanaba aires de prosperidad de un nuevo mundo a la gente de un pequeño y olvidado pueblo. Vito transmitía una admiración muy grande por el abuelo, se veía en las fotos y en su mirada. Un tipo muy alegre, de un gran sentido del humor, de esos que todo el tiempo están bromeando, y te guiñan el ojo haciéndote cómplice. Le muestro la foto que tengo del abuelo en el celular, junto con una carta escrita por el en el '61 y un certificado del servicio militar. Saco la libreta y la lapicera, empiezo a hacer el arbol genealógico para poder unir a los Leozappa con los Fina y entender finalmente el parentesco.

Mientras tanto María me trae un plato de sopa. Filomena almuerza también, está en el receso de su trabajo. Usa la servilleta a cuadros metida en la remera como un babero, muy a la italiana. Yo la copio ya que estamos. —Ignazio ¡Magia, mangia! —Me repite a cada rato.

Empiezo a comer. Traen melón en rodajas, y peras, vino, agua y pan. Y cuando no hay nada más que traer se sientan y me miran mientras como. La mesa está llena de platos y bowls. Vito trae un melón entero, me dice que es del campo que ellos tienen, que me va a dar una docena para que le lleve a mi papá. María me retira el plato de la sopa y me trae un pescado y ensalada.
—¡Mangia! —Me dice. Armidia se sienta al lado mío y me toma del brazo emocionada. Seguimos hablando de los parentescos, los hijos de tal y de cual, y mientras yo sigo anotando. Después viene el licor, y después el café, realmente no puedo más. Parlamos italiano, piano y nos hacemos entender. Es un esfuerzo para mi, pero aprendo mucho. De repente me encuentro almorzando en lo de una familia italiana, que ya voy sintiendo como parientes, de esos que no visito hace mucho.

Luego del almuerzo y la larga charla, salimos a conocer la "campaña", el campo donde el abuelo se quedó varios días durante su regreso a San Vito en 1961. La zona de quintas está recorrida por varias rutas que serpentean y suben bajan en ondulaciones suaves. No hay cercos de alambre, sino de piedras apiladas. Todos los campos con sus olivares y sus frutales, parecen primos entre si. Todos con su huella donde entrar el auto (o "la maquina" como le dicen en Italia), su tierra arada y sus casas al fondo, perdidas entre algún lugar de los árboles.

Y así pasó otro lindo momento de la tarde. Filomena, la interprete principal (la que tenía más paciencia para entendernos todos) tenía que regresar al trabajo, así que luego de un vistazo al campo emprendimos la vuelta al pueblo. Ya en la casa nuevamente, llega Rosa, una de las hijas de Armidia que, junto con ella, están casualmente de vacaciones en San Vito, ya que viven al norte de Italia, muy cerca de la frontera con Suiza, en un pueblo llamado Cittiglio. Por supuesto, no faltó ocasión para que me inviten a quedarme unos días en su pueblo, así que eso haré, una pequeña visita antes de terminar mis vueltas por Italia.
Tanto rosa como su marido, tienen un hijo y una hija de sus matrimonios anteriores, más otro dos que han tenido juntos. Los más chiquitos son amorosos, oirlos hablar en italiano con sus vocecitas diminutas es muy lindo. El hijo de Rosa se hunde en el celular como todo niño preadolescente, mas la hija de Vinicio, Selena, nació y vivió en Colombia, y por fortuna habla español. La niña será mi nueva intérprete por el resto de la tarde.

Llega el momento de la partida. Me despido de todos, y prometo volver durante mi estadía en Brindisi. Armidia insiste en acompañarme a comprar el ticket para el bus a unas cuadras de la casa. Selena nos acompaña para volver con armidia, que ya los años le pesan y cada paso cuesta.

Compro el ticket, saludo a Armidia y le agradezco por éste hermoso día compartido. Saludo a Selena y camino lentamente hacia la parada del bus, por las calles de lo que fue y será el pueblo de mi abuelo.

De derecha a izquierda: Vito, Filomena, Armidia, María e io.

Armidia y Vito Leozappa

Vito y el abuelo, en 1961

La campaña








jueves, 13 de agosto de 2015

Una boda en Maratea

Maratea es un pequeño pueblo al sur de Italia, ubicado en un valle en la costa del Mediterráneo. Es un pueblo bellísimo, donde siempre hay una vista, una foto que sacar o recordar en la memoria. Cuando uno camina por Maratea, se deja llevar. Hay infinidad de pasillos todos pintorescos y bellos, que lo invitan a uno a decidir constantemente a donde se debe ir: sigo por acá, agarro ésta escalera, ahora bajo acá, y así.

Llegué en un tren desde Roma que hizo transbordé en Nápoles, que más que un tren parecía el Titanic por la cantidad de gente y bolsos y calor y paradas. Un viaje que se hizo largo, pero aún así interesante siempre el paisaje ventanil, las puteadas de los pasajeros indignados con ese servicio retrasado y rebalsado de gente.

Un tipo que estaba sentado en sus bolsos, cansado de tanta gente y la situación, me mira y suspira (casi como queriendo encontrar un cómplice en su indignación), diciendo al mismo tiempo un cliché: "Mamma mia..." Fue épico. Contuve la risa para seguir vivo. Siguió el viaje y poco a poco el tren se fue vaciando. Bajé en Maratea y Otto ya estaba esperándome en la estación. Es loco y lindo reencontrarse con un amigo del otro lado del mundo, después de años de no verlo. Tengo más reencuentros planeados, así que seguiré experimentando éste fenómeno más seguido.

La boda fue en un gran hotel de Maratea, con pileta, una vista al mar espectacular desde lo alto de un cerro y unos atardeceres increíbles. Los invitados nos hospedamos todos en el mismo hotel, cosa que termino siendo de la boda un pequeño viaje, haciéndonos amigos luego de compartir los días juntos.

Una boda en Italia es muy parecida a una boda en Argentina, sólo que ésta se hizo en un lugar muy especial: Celebración junto a un mar hermoso en plena tarde. Aunque nublado, y con lluvia por momentos, super bello. Recepción, cena, bailongo, torta y dulces, lo típico, con comidas típicas italianas y mucho fruto de mar. Platos realmente exquisitos. Una banda tocó en vivo la música de toda la fiesta (incluído el bailongo), sonaban increíble.

Una fiesta tranquila y elegante, muy linda, parlando piano italiano, english, español y pasando un muy lindo momento junto a los homenajeados y amigos. Una hermosa experiencia compartida, un privilegio enorme haber podido estar en aquel momento.

Las casas desparramadas por Maratea
Lean queriendo arruinar la foto pero la mejoró
Maraselfie

martes, 11 de agosto de 2015

Roma

Martes 4 de agosto, alrededor de las 23 horas, calor. Llego en el tren desde el aeropuerto de Fiumicino a Roma Termini, el equivalente a la estación Retiro pero en Roma, aunque mucho más grande. Estoy cansado, perdido y con pocas fuerzas, luego de un largo viaje desde Buenos Aires.

Allá me buscaría Kiki, que junto a su amiga Ausi me hospedarían en su casa unos días. Quedé en llamarla ni bien llegue a la terminal. Teléfono público que me come la moneda, los WiFi gratiutos no conectan... Me empiezo a perseguir, las terminales se ponen feas de noche. ¡Pesco un WiFi! Llamo a Kiki, Feis la perra ladra detrás y no nos entendemos mucho. "Te voy a buscar, ¿En que parte del Termini estas?" Su tonada es raro, pero que suerte que habla español, aún no capito mucho italiano. Quedamos en encontrarnos en el anden 29, el cual pensé que estaba más cerca.

Camino y camino. La terminal es un desierto a estas horas de la noche. Llego al andén 29, alejado de toda entrada, al fondo a la derecha (creo que no elegí un buen lugar para encontrarse). Llegan dos guardias y me dicen que no puedo quedarme ahi, que esa parte de la terminal esta cerrada. Carajo. A volver pues, empieza la lenta caminata de regreso. A los pocos pasos ya estoy pensando lo peor: que nos vamos a desencontrar, que ella va a llegar y yo me voy a haber ido, que tendé que llamarla de nuevo, y bla, bla, bla... ¡Basta! "Todo va a estar bien" me digo, y calmo así la ansiedad.

Vuelvo a mi. Sigo caminando caminando, casi arrastrando los pies. Estoy muy cansado. Jetlag. Tengo hambre; "Creo que traje mucho peso", pienso. Me siento pesado o a penas puedo llevarme con la poca energía que me queda. El camino dobla y vuelve a doblar, y en esos doblares aparece una señora, sonriente, con un caminar un poco atolondrado, que está siendo paseada por su perra que camina apurada tirando de la correa.

- ¿Nacho? Me dice Kiki.

Así comienzan mis días en la bella Roma, una ciudad alucinante, más para alguien que disfrute del arte y la historia. Es bella para caminar, y muy fácil para perderse, o mejor aún, es casi imposible no perderse (incluso si uno va con un mapa en la mano). No hay que buscar mucho para empezar a sorprenderse: dando la vuelta a la esquina uno nunca sabe que vendrá. La vida en general es así, pero en Roma siempre aparece una fontana, una piazza, un edificio histórico, una escultura de algún dios o algún romano, todo imponente e increíble. Hay mucha historia ahi, a la vista. Es como un museo al aire libre, tan grande que la gente que vive ahí tuvo que construir una ciudad encima, con sus calles y medios de transporte.

Realmente no tenía idea a donde estaba llendo.

Gracias Roma, fue un enorme placer conocerte.

Ausi y Kiki, dos personajes

martes, 4 de agosto de 2015

Comienza un viaje

Estoy sentado esperado que empiece a embarcar el avión que me llevará de Buenos Aires a Madrid. Será la primera vez que pise Europa, algo que anhelo desde hace muchos años, y nunca pude hacerlo.

Hoy estoy acá, llegó el momento y hay que aprovecharlo. Aunque me duela irme, aunque sea más cómodo quedarme donde conozco, aunque no me decida a viajar, me obligo a hacerlo, casi a la fuerza.

Europa, aquí voy. Espero que puedas conocer mi mejor faceta, y a su vez espero conocerme un poco más mientras te camine. Es la primera vez que viajo sólo, que tengo que decidir cada cosa por mi cuenta, y donde no queda más opción que apoyarme en mi mismo en cada paso que doy. Es muy difícil y me da bastante miedo. Tal vez porque aún estoy entrando en “modo viaje” y no gano la suficiente confianza como para inflar el pecho y decir "Acá estoy yo Europa, y vine a conocerte". Confío en que la timidez se irá diluyendo en el forzarme a ser, en el tener que resolverme hoy y ahora, en un lugar que no conozco, donde no puedo comunicarme más que en español, inglés y señas, y toda la creatividad posible que pueda aportar a eso. Ya vendrá la inflada de pecho, la seguridad, el aprender a caminar sólo. Y si no es hoy será mañana, y sino será pasado o cuando tenga que ser. Sólo hay que ser paciente y esperar, y mientras tanto disfrutar y dar lo mejor que tengamos para dar, y cuando menos lo esperemos, habrá dos alas grandes, ávidas de volar, que nos llevarán hasta donde más querramos ir, ya sea un lugar, un momento, una persona o lo que sea. Es infinito, sólo es cuestión de entrar en sintonía con uno mismo.

Vuelvo. Sigo esperando para embarcar. Creo que me senté en el lugar indicado. Hay una nenita llena de vida que no para de jugar, e invita a toda la familia que la acompaña. Ilumina todo el lugar, todas las caras largas de la gente las tranforma en sonrisa. Es ternura, gracia y alegría que se propagan y se contagía en todo el que la vea o la escuche.
Más allá, otra madre juega con su hijo que tendrá un año y medio. Le pica la panza con el dedo y el nene se mata de la risa. Sonrío, gracias a dios tengo un alma sensible. Hoy estuve triste conmigo y con la vida, pero hice el esfuerzo por estar acá, y empezar el viaje con lo que soy, aceptándome, aceptándolo. Y los nenes me transmiten felicidad. Y me doy cuenta que ellos son un modelo a seguir, yo quiero ser eso, quiero ser alegría e invitar y contagiar a todos. No se como se llega hasta a eso, no se si lo fuí, y si lo fuí siento que lo perdí ¿Por qué lo perdí? ¿Donde estás niño que fui?

Vuelvo. Llaman mi grupo de embarque. Respiro ondo, me levanto. Ya estoy en el baile. A viajar.

miércoles, 29 de julio de 2015

Primavera

Me agarraste de sorpresa primavera
el calor
estar en remera
el sol y las nubes con formas
la noche tibia y la luna llenándose de a poco

Vivo la ilusión
en éste paréntesis de invierno

Que linda sos primavera
no hay manera que no te sonría
porque cada día me invitás a todo

Si tuviese que elegir, seria asi
primavera
otoño
verano e invierno
o viceversa

Invierno y verano
Con todo respeto ¿Podrían cederle un mes cada uno a otoño y a primavera?
Seria mas tiempo para florecer
Habrían más colchones de hojas secas
para patear y desparramar
más charcos para chapotear
más mariposas y más aroma a jazmines en cada jardín

No importa más que el ahora
y ahora es primavera
mañana tal vez sea otoño
pasado invierno
y después verano
y después quién sabe

Disfruto las estaciones que me invitan a hacer
salir correr caminar
nadar pasear mate o tereré
observarte sonreirte abrazarte
y después comerte a besos despacitos

Vuelvo
presente
Se que es un engaño del clima
mis emociones se encienden igual
y yo las dejo que vuelen libres

Estaciones / ciudad / pintoresco
lugares / flores / aromas
Nomeolvides que se pegan en la ropa / no me olvides
imágenes / gente / anécdotas / compartir

Vida

viernes, 24 de julio de 2015

Hacia dentro

Cuando el celular se calla
cuando el trabajo pasó
cuando estoy lejos
aún estando cerca
cuando no hay más palabras que las que salen hacia adentro
cuando ya olvidé el sonido de mi voz
y el timbre de mi cantar
en ese momento
siento vértigo

Me asomo a la nada y percibo un vacío inmenso
oscuridad
como una gran casa deshabitada
sólo que aquí dentro no hay eco
por mucho que grite nada vuelve

Hoy estoy hueco
Si me dan golpecitos, resueno
(quizás sea un buen momento para hacer música conmigo)
Si me levantan, tengo nada
(asumo que no debo pesar mucho)

Sin embargo, hay algo de todo ésto (o más bien todo ésto) que me cuesta llevar
como si fuese un grillete
con el que tengo que aprender a caminar
y esa es mi soledad

¿Miro para adentro y que hay?
Nada
(mi propia luz quizás alumbre a otros, porque adentro no logro ver un pomo)
Una espesura densa
donde es muy fácil perderse
donde hay desorden
cosas por el suelo (las pateo al caminar)
mucho por hacer
o nada por hacer

¿Será que siempre el interior es así?
¿O acaso hay interiores iluminados?
Con ventanas donde se cuela el sol sin pedir permiso
y la luz rebota feliz
y hay bibliotecas
un sillón, una alfombra, una lámpara de pie
muchos cuadros con fotos
y un baúl lleno de recuerdos

Si, creo que me lo imagino

Esa luz que se cuela por la ventana
es la felicidad del abrazo
una caricia
una risa, la vida compartida
es el otro, un complemento
una compañera de vida
su voz, su cantar
su soñar con el mío
los pasos en la misma dirección
el amor
el fruto del esfuerzo y del amor
la mirada, un suspiro
y de vuelta otro abrazo

Ahí está la clave, lo demás no es importante
se resuelve, se da, pasa
no importa
Pero si esa luz no entra
si no junto lo que está en el suelo
y acomodo las cosas para que sean bellas
la vida no tiene mucho sentido
o al menos
no se lo estaría encontrando.

miércoles, 22 de julio de 2015

Descubriendo las acuarelas

Hace unos meses que estoy iniciándome en el mundo de las acuarelas. Siempre quise aprender y no fue hasta hace poco que compré un kit. Pocas veces había intentado esta técnica, pero siempre me dio mucha curiosidad, así que empecé de una vez, y descubrí algo apasionante.

Pintar es un cuelgue hermoso. Siempre dibujé, desde que tengo memoria, pero pintar es darle otra capa de vida al dibujo.


Ratitas







De todo un poco


Sol

Una cara

Desencuentros

Humor

Dibufrases o Frasujos







Stewart (en desarrollo)



Si la sopa no te llena, ¡Cascale un huevo!

(aún sin pintar, disculpe las molestias ocasionadas)


Secuencia de acting

El día que me acepté

Hoy amanecí queriendo empezar un buen día y empecé aceptándo-lo-me.

Me levanto sin dar vueltas, sin mirar la hora (¿Para qué? Si el despertador ya me la dice), ni el celular, ni los mails, ni el facebook y ni todas esas cosas que no tienen sentido y me sacan del presente para sumergirme en otras realidades que no quiero ver ahora este momento, buscando absurdamente en la vida de otros cuando en realidad es la mía a la que debo suma atención. Estoy en la cama, mientras mis párpados hacen fuerza para refregarse y despegarse. Hoy no quiero todo ese bombardeo.

Hoy si quiero conquistarme, dar pasos hacia delante, salir del loop eterno y viciado de mis días en lo que va de casi todo éste año. Aceptarme, con mis defectos y virtudes, y simplemente ser y fluir. Despojarme de preocupaciones por cosas del pasado o del futuro. Tomar el control de lo que soy, hoy. Disfrutar lo que me rodea. Ir al trabajo en bici, el sol, los árboles, y la luz que se cuela entre las hojas, algún haz que parece divino, el brillo, la bruma y el frescor de la mañana; el tráfico, el aire frío, las manos heladas y moradas, mis piernas que no dejan de pedalear. Miro para acá y miro para allá. Respiro. Estoy vivo. Agradezco a mis piernas, a mis brazos y a mi cuerpo. Soy ésto, y me quiero así tal cual soy, en éste momento, con mis tristezas, mis incertidumbres, búsquedas, alegrías, limitaciones y mi libertad, o sensación de libertad, sea mucha o poca, la que sea. Todo es mío y es infinto. Éste es el camino en el que estoy. Éste es mi trabajo y no anhelo más. Doy todo lo mejor que puedo con alegría, y si no viene la alegría ya vendrá. Quiero a mi ciudad y no a otra. Quiero a mi familia y a mis amigos. Me amigo con mi historia que hoy me hace estar acá y me enseña constantemente. Le hago jaque a la ansiedad. Vino a atacarme, como todos los días, pero hoy supe como reducirla con una toma de karate, y dejarla acorralada por el suelo:
- Hoy no quiero que me molestes ansiedad, me tenés cansado.

Lo que sea será, y lo que tenga que venir vendrá en el momento que tenga que ser y no en otro, y estará bien que así sea.


viernes, 17 de julio de 2015

English please

This is a bad-written post about nothing. I'm insecure and coward so english is a nice way to cover my words. Because nobody speaks it, and is a kind of sacred language that only a few can interpretate... So if you are able to read nonsense from some old poor soul, please go on, but beware! I speak with my heart. I'm human, and I make mistakes all the time, so take in count that I will be probably wrong or maybe saying things that everybody obviously knows.

I think im getting more crazy as the years go by, and sometimes i'm proud about it, and sometimes I feel like a "frog from another hole" as we say here in Argentina. A strange fellow who does not stay in tune with nothing. I think life is that and we have to get used to it. The other day I read: It's easy to love myself when I'm winning at life. The challenge is loving myself when I'm not.

So I invite you to everything, and at the same time I can't invite you to nothing. 'Cause I look for you all the time, in all the faces and all over the human beings that I cross in my days. And I can assure you that there is no one like you. No one as kind, smart, beautiful, nice, sweet, charming and sexy as you are.

That's it. I'm very proud of you, and you should feel the same as well, of yourself, of course.

It's a shame that I couldn't realize it on time. Time is the key, and I didn't have it in mind, until it was too late.

So take this as an advice, if it applies, from some old lost soul that tries to found the courage to be.

Be nice, be you, be beatiful and the rest will come, because you deserve to be the happiest of all.

jueves, 16 de julio de 2015

Mundos distintos

Conviven entre sí, todo el tiempo, juntos, pero separados... ¿Y porqué separados? Porque cada uno tiene sus reglas y estructuras, cosas que no pueden romperse, o de lo contrario esos mundos dejarían de ser lo que eran para ser otra cosa, otro mundo nuevo que surgió del anterior.

Deliro porque es gratis, porque alimenta mi ilusión y porque es parte de mi y de mi mundo.
Pero como me gustaría tenerte en mi mundo, y yo estar en el tuyo, y que rompamos todas las reglas y creemos un mundo nuevo, nuestro y feliz, como me gustaria...

Todos los días veo ésto: dos mundos separados por un alambrado. Los caballos, hermosos, vivos, entrenando y calentando, haga frío, sol, viento o lluvia. Pareciera que hacen un show para nadie que los mira. Porque ya nadie tiene tiempo de observar. Del otro lado del alambrado, autos apurados por no llegar tarde, motos que esquivan, algún valiente haciendo ejercicio y yo, montado en mi corcel de hierro y caucho camino al trabajo, aca detenido, contemplando la belleza de los corceles de carne y hueso.

Dos mundos separados por un alambrado. ¿Y si eso un día se rompiera?
Tendríamos caballos y saldríamos juntos a pasear por ahí.



miércoles, 8 de julio de 2015

La lucha por la identidad

A veces tengo problemas de identidad. Haber crecido tan cercano con mi hermano hace que a menudo todo el que nos rodea nos vea como una sola cosa, cuando en realidad somos dos muy distintas, cada uno con sus virtudes y sus defectos.
Cuando necesito estar sólo con amigos o familia, aparece él, aunque no esté. Cuando agito las manos para que la gente me vea, me preguntan por él. Cuando cuento una experiencia propia, me hablan de una experiencia suya. Y así.
Me siento un segundo, un acompañante, alguien que se define por la existencia de un otro. Y lo cierto es que quiero definirme por mi propia existencia y por la de mi pareja (el día que la tenga), no por un hermano con el que no puedo parar de compararme. Y quizás ahí está mi error: en querer compararme, haciendo de la vida una carrera; en querer llamar la atención de quienes me rodean, tratando de que vean que existo y soy un ser singular, en lugar de existir y ser un ser singular, ser yo.

Lograr llamar la atención es algo que muere ni bien se logra, y hay que volver a llamarla una y otra vez. Es algo que nunca se terminay que no aporta nada.
Ser, en cambio, aporta todo, es todo, se logra y perdura. Que se fijen en uno después vendrá, o tal vez no, pero no es lo que realmente importa.

viernes, 3 de julio de 2015

Grasa y manteca

Algunos seres humanos nacieron con ese don, otros no. Desafortunadamente, estoy entre los que no. He logrado muchas cosas en la vida, me he superado en varias ocasiones, y en otras lucho muy duro cada día para tratar de mejorar.

Sin embargo, hay una cosa por la cual ya no doy pelea, ni un gramo, ni siquiera un segundo. Me doy por rendido de antemano, nunca lo voy a lograr y lo acepto tal cual es.

Pueden decirme lo que quieran, las frases más célebres sobre la vida y la esperanza y la persistencia y el remar y luchar y aprender... Ninguna me hace efecto sobre ésto.

Hay una fuerza superior, una estupidez quizas, algo que se me pone en blanco y me hace sudar una gota helada por la axila cada vez que entro a una panadería y pido medialunas, y agradezco a mi fiel dedo índice, que sin decir nada me salva, siempre:

- ¿Le doy medialunas de grasa o de manteca?

- De esas, las finitas.